martes, 30 de julio de 2019

Profanadas nueve tumbas del único cementerio militar alemán de España

El camposanto de Cuacos de Yuste, Cáceres, amaneció el pasado viernes con las cruces destrozadas

Las tumbas profanadas en el cementerio de Cuacos de Yuste, Cáceres. JOSÉ MARÍA HERNÁNDEZ
Chema Hernández, de 42 años, paró su tractor a las 9.30 del pasado viernes. “Vi unas pintadas en la pared del cementerio que me llamaron la atención (“Ni nazis con honores, ni antifascistas en cunetas”) pero seguí por la carretera porque tenía que devolver unos contenedores a un pueblo de al lado”, cuenta por teléfono. Ya de vuelta, este trabajador eventual del Ayuntamiento de Cuacos de Yuste, Cáceres, frenó frente a la puerta del camposanto. Allí, junto a un compañero, se dijo: “¡A ver si han entrado!”. Nadie sabe quién o quienes, todavía. Pero sí los hechos: un acto vandálico que ha destrozado hasta nueve tumbas en el único cementerio militar alemán que existe en España, donde están enterrados 180 militares de la Primera y Segunda Guerra Mundial.
“Las pintadas ya las han hecho otras veces, pero lo de las tumbas sí que es la primera vez que ocurre”, cuenta el alcalde de la localidad, José María Hernández (PP). “Hablé rápidamente con el embajador alemán. Creemos que ha sido un grupo de más de cuatro personas porque esto no lo hace uno solo. No creo que sean del pueblo, aquí sabemos muy bien lo que significa”. El regidor de este municipio de 800 vecinos dice que está en permanente contacto con la Guardia Civil y con la embajada alemana. Los diarios regionales Hoy Extremadura y El Periódico de Extremadurase hicieron eco de la noticia el mismo día.
“Otros años también han aparecido pintadas, pero de manera puntual, chiquilladas”, cuenta un portavoz de la Guardia Civil de Cáceres. “Pero nada comparado con esto. Esta vez han roto nueve cruces”. Este periódico se ha puesto en contacto con la embajada de Alemania, pero de momento no ha obtenido respuesta.
El cementerio alemán fue inaugurado el 1 de junio de 1983. El proyecto nació ocho años antes, cuando la embajada de Berlín compró el terreno. Se sitúa en un idílico paraje rodeado de alcornoques, robles, olivos. Al lado del Monasterio de Yuste, donde falleció el emperador Carlos V en 1558. El lugar siempre está abierto. Los turistas y curiosos suelen acudir los fines de semana. Una vez dentro, se observan 180 cruces de granito oscuro alineadas: 26 tumbas albergan militares de la Primera Guerra Mundial; 129 de la Segunda, 25 In Memoriam (no contienen restos) y ocho son desconocidos. La embajada organiza una ceremonia cada año el segundo sábado de noviembre.
“Eran aviadores y marinos de las dos guerras mundiales cuyos cuerpos fueron encontrados en diferentes puntos del litoral español”, cuenta Ignacio Martínez de Pisón en el libro Yuste, cementerio alemán. “Lo que más llama la atención es la extrema juventud de los soldados: abundan los que, nacidos en 1922, hallaron la muerte en 1943”.
Las pintadas a la entrada del cementerio. JOSÉ MARÍA HERNÁNDEZ.
El camposanto militar alemán depende de la Volksbund Deutsche Kriegsgräberfürsorge, una asociación que mantiene 827 camposantos en 45 países. “La idea era concentrar a todos los militares alemanes muertos en España que habían sido enterrados según iban apareciendo”, contaba José Carlos Violat a este diario hace cinco años. Violat es historiador aficionado y coautor del libro El cementerio militar alemán de Cuacos de Yuste. 
“Hoy me ha llamado el subteniente de la embajada”, cuenta el jardinero del cementerio, Isidoro García, de 59 años. “Están en contacto conmigo para encargar nuevas tumbas. También han roto dos maderos al entrar. No creo que los autores sean de muy lejos”. García lleva cuatro años trabajando en el cementerio y, según cuenta, nunca ha visto nada igual. “De vez en cuando te encuentras también alguna pintadita como ‘nazis fuera’, pero nada más”.
Cipriano Hernández, de 58 años, vive a 150 metros. “No escuché nada, vi las pintadas al día siguiente y entré”, cuenta. “Eso ha tenido que ser a mala fe, con una maza. No creo que los responsables sean de por aquí”.
El pueblo amaneció con varias banderas de España el sábado. “Las colocaron en las dos entradas y en la plaza. En esta última ponían A. H. T. R”, cuenta el alcalde. “Un vecino me dijo que podría ser la abreviatura de ‘Adolf Hitler tenía razón”. Las insignias fueron retiradas rápidamente. Las pintadas del cementerio se borraron este lunes. “Los alemanes son muy eficaces”, dice el alcalde.

lunes, 29 de julio de 2019

TROVAS A LO CRISTOBAL CASTILLEJO


















En vos mío aposento
Es sufrimiento el martillo
Que en vos logra cimiento
Libera Domine del alcohol funesto
Esta picazón del alma
Que hiere los recuerdos
De un poeta solitario
Letra herido
Como el exilio dacio
De Ovidio en Tomis
Martillea la puerta de mi morada
Su clavazón
He vivido engañado
Cerní sin echar harina
Fue un privilegio rodado
Vino de Valtiendas que bebí
Se volvió amargo
Y la caña de cerveza asesina me quema los párpados
Ay esos pueblos castellanos
Que bailando jotas
Están con la candela en la mano
Suenan los ejes de las carretas
Del día de Santiago
Los carreteros llevan
Zapatos colorados
Hay lumbres en la cumbre
Titilan las estrellas
Pienso en el pedo de Lerma
Que dejó mi vida yerma
Aquel hostal junto al convento
Noche de agosto de 1972
A nadie le importa nada
Mujer quien te apartó de mí
No se rinde la marea
Todo es penar y gruñir
Súbanme los diablos al pavés
Diome la vida través
Casé con mujer brava
Y baja
Ya no dice esta guárdame las vacas, Carillo,
Que besarte he
Da mihi bassa millia
Deinde centum
Todo son riñas, querellas y alifafes
Si muchos monteros la garza combaten
Por altos oteros
Los perros la laten
Neblíes muy ligeros
Sobre ella se abaten
Malo será no la maten
Flor de mi España
Que en esta guerra mortal
Soldados son los dolores
Puse espuelas al querer y velas
A la nave del pensamiento

domingo, 28 de julio de 2019

santa ana de fuentesoto a sacramenia a ver las murallas sagradas en el carro de mi abuelo





































EL DIA DE SANTA ANA EN SACRAMENIA

El sol dora las peñas y esta luz de Sacramenia me llega al alma, son recuerdos de aquellos carros vivanderos, de las reatas de mulas. Enganchaba el carro de madrugada el abuelo y los machos; se llamaban el uno Cordobés y el otro Noble. Uno era bueno y el otro malo debía de ser hermano de judas pues a mi tía Paulina le soltó una coz que la quebró la nariz a la pobre. Pero era Santana, chiquitos, no apurarse ya faltaba poco para meter el grano al silo altas estaban las trojes esperando los trigos el bieldo caricia de los cierzos aquellas largas parvas de las tardes interminables en el trillo dando vueltas y revueltas. Conjurábamos el aburrimiento con alguna cantiña que salía de cuerpo bronca y espesa y avegonzada como el vino de la tierra. Apretaban los calores el abuelo Benjamín cantaba el prefacio poniendo motes a los pueblos de la redolada... "Castro los chivos Torreadrada las cabras Fuentesoto cagaberros que se crían en Peñacolgada donde caga y mea la zorra cuando a ella le da la gana. Membibre para molinos Aldeasoña no vale nada. El Vivar tiene buen vino pero Valtiendas le gana "etc.
La fiesta de santa Ana dividía en dos partes el verano de aquellos días augustos  de pobreza y escasez en el cuerpo y en el alma grandes esperanzas.
Al cruzar la Pobeda media legua antes pasar a Pecharomán el abuelo se santiguaba a la vista del monasterio de santa Maria. El macho Noble que era burdeño de buenas ancas y mejores andares hacia una reverencia pero el Cordobés un yeguato que había mercado el abuelo en Turegano en la feria de san Andrés, refractario al yugo, indómito jumento, quería desuncirse del hermano, pegaba una taina.
 Conque el tío Benjamin Galindo Martin, que así mi abuelo se llamaba, y era algo pariente del Empecinado aquel guerrillero que anduvo de  maqui a la facción cuando lo de la Francesada, por estos cuetos, le sentaba las costuras al arisco animal con la tralla.
Éste echaba a andar derecho como una vela pues era muy fino de cabos aquel yeguato.
Los monjes blancos entonaban maitines y a nuestro mulo esos cantos le ponían fuera de sí. Debía de ser de la raza de Caín pero qué se le va a hacer el mundo está lleno de buenos y malos. El abuelo dejó de llamarle "Cordobés" y aquel mulo zaino atendía por el nombre de "Hereje"
Portaban los de Sacramenia en andas a la Abuela de Xto. Subíanla hasta el cerro a la iglesia de san Miguel obre la cima por aquel camino de cabras entre jotas y donaires parabienes besos al jarro y de hoy en un año.
Teníamos una sensación mística; nuestra fe nos avalaba en el desamparo ante las incógnitas de la vida y había en aquel fervor mucho de sincretismo. El manto que llevaba la Virgen podía ser el de Demetria o la diosa Ceres arrastrapeplos como la Cibeles que protegía las cosechas. Sacramenia ▬ su pobre nombre lo indica▬ fue uno de los vivaques o "mansio" de la Legio VII fundado por manipularii (soldados rasos) de ese encuadre.
Su propio nombre lo indica: muros sagrados y a estos muros sagrados he regresado al cabo de más de sesenta años buscando protección y amparo. Sub tuum praesidiunm Sancta Dei Genitrix.
El cura, un cura pispo repeinado y galante con aires de buen mozo▬ le deben de haber salido muchas novias por estos pagos y hace bien qué coño hay que aumentar la demografía y mitigar la oligoantropía que asuela las tierras a esta orilla del Duero parece un azote bíblico es un dictamen judío, el pueblo que no olvida la destrucción del templo, por Vespasiano y sus legiones,  un castigo de Dios por lo de entonces, una Nemesis religiosa bien orquestada desde las Redes que ellos dominan▬ me prohíbe que cante en latín a Salve Regina, la gente no se la sabe,  siento pena muy adentro por sentir mis viejas creencias atropelladas por ese odio infame al latín que era la lengua de la Iglesia Romana.
No puedo explicar mi fe. Es un misterio no exento de atropelladas supersticiones y de querencias. No la toquéis más que así es la rosa pero mi vida se esparce por estos andurriales que colonizaron los monjes blancos del Cister.
 Siento ganas de llorar a la vista de una imagen de Santa María. El Cid Campeador llevaba un icono de Santa Ana en el arzón y yo lo llevo en el alma. Protectora de la vida. Abogada de las parturientas. Las parteras siempre colocaban su imagen a la cabecera de las parturientas deseándolas una hora corta. La religión nos religa nos ata a la vida al dolor de la existencia y al buen vino de esta tierra.
 El vino de la comarca es el mejor del mundo. Una vez paré en una bodega de Valdezate y salí con los pies para arriba y la cabeza para abajo. Despues de la misa y el sermón que pronunciaba el cura Francisco nuestro pariente y la procesión nos convidaba a comer un cuarto asado el Sastrín casado con una prima de mi tía Inés la de Fuentepiñel.
 Luego al baile. Tocaba una orquesta de Peñafiel los Pichilines. El abuelo mercaba peladillas garrapiñadas de Alcalá y tiraba un par de rondas al tiro pichón, gustabale la escopeta, era buen cazador, acto seguido enganchaba y a eso de la media tarde retornábamos a Fuentesoto. Siempre parábamos en Pecharromán donde tenía un amigo que fue soldado en la guerra de Cuba nos convidaba a merendar en la bodega escabeche de cubillo y una achicharronada bien fartucos que quedábamos matando el hambre de semanas.
Aquel pan y aquel vino ya no lo he vuelto a probar nunca. Han fenecido los molletes y los corruscos no se cuecen aquellas hogazas porque la Melitona ya no amasa el pan. Se dejó la levadura en Pamplona▬ ¡ay Ursula que esta haciendo! ▬, como muchos de aquellos a los que oí cantar en el trillo y danzar en el baile de la vida que es también una danza de la muerte. Que Santa Ana nos proteja y de hoy en un año.
Nunca se llevaron bien los de Sacramenia y los de Fuentesoto y por fiestas de San Pedro degollaron a tres por una moza. La cruz que recordaba aquel asesinato en que tuvo la culpa el vino y una mujer cerraba la puerta del Redondillo vegas abajo según se sale de Fuentesoto. Unos y otros se dieron muerte a navajazos por una moza. Colijo que desde aquélla los de Fuentesoto en Sacramenia no somos bienquistos


sábado, 27 de julio de 2019


EL ADELANTADO DE SEGOVIA.
El Adelantado” ha salido “El Adelantado” lo voceaba por la calle Real con bronca y acatarrada voz un señor con boina que tenía cara de buena persona seria y fría y acento de segoviano cuando entrábamos en el Portalón a comprar pipas o un cucurucho de castañas pilongas a la seña Isabel viuda de guerra que a su marido Zoilo cabo pieza artillero se lo mataron los republicanos en el Alto León durante la primera embestida los primeros días de guerra y estaba echando la pobre los papeles para poner un estanco que no se lo pusieron nunca, y pendientes de aljófar-no se los quitaba nunca y era una nota saliente de coquetería femenil en medio de aquellos lutos y aquel dolor de la posguerra que no fue tan triste como algunos dicen sino algo más cachonda y fraternal de lo que determinados mendas suponen pues los españoles por aquel entonces éramos pobres pero honraos y lo pasao, pasao que teníamos que tirar palante- cuando no a la Tía Concha que subía y bajaba calle arriba calle abajo con su bandeja atada al cuello con un cinturón de cuero regalo seguramente de alguno soldado compasivo. La Concha vendía el pirulí de la Habana algo de regaliz de palo juanolas para la tos y a veces otras muchas cosas.
La Concha otra pobre era hermana de la Felisa muy guapetona ella y que según dicen y casi lo puedo certificar como testigo de vista no como usuario que uno era un niño por aquel entonces a juzgar por las largas colas de hombres que aguardaban turno ante su puerta de su chiscón ubicado en la Casa la Troya donde nací yo a todas horas había ejercido el oficio más viejo del mundo en la Corte y hasta dicen que fue querida de don Inda don Indalecio Prieto quiero decir y era de ideas.
No la fusilaron de milagro pero la emplumaron y la cortaron el pelo no por puta sino por roja. La Concha pregonaba por las ferias de san Juan o en la tablada que llamen Dehesa del Rey Enrique IV mal llamado el impotente, donde se preparaba el ferial detrás de la estación y mismo al lado el cuartel de la GC el pirulí de la Habana a perra gorda a perra chica caramelos de limón y menta que el que no los come revienta (era la caramelera un prodigio de la publicidad  por el sistema del boca a boca) y a real la media docena.
 Cuando la romería de San Marcos por abril o pasado verano en las fiestas de la catorcena se escuchaba la voz aguardentosa de la Concha dale que dale anunciando a real su mercancía:
-        A ral…. A ral…ral… el pirulí de La Habana para el nene y la nena.  Fresa. Limón y menta el que no los toma revienta
Antes de salir a vender le gustaba su copa de anís o su copita de ojén y salía a despedirla su hermana la Feli en negligé.
 Las dos eran altas y la Felisa lo que se dice una mujerona con aquellos tupés apelmazados sobre las sienes y su cara de mirar antiguo depiladas las cejas que se parecía un poco a la gitana de Romero de Torres el pintor que pintó a la mujer murena la de los billetes de cien pesetas.
 Un domingo por la tarde que había un bautizo porque habían bautizado a un chico que tuvieron la Serafina (pobre serafina que alma más buena, recogió a la Feli desahuciada por la sífilis y se la llevó a morir a su casa) la de la tía Carnerita y su marido el Iglesias, un socialista histórico que acababa de salir del penal de Cuellar y era un rapsoda de profesión que recitaba “El Pillayo” de Gabriel y Galán mejor que nadie, estábamos a la puerta de San Valentín una cuadrilla de chaveas esperando el arrobo y que se estirase el padrino que si no le espetábamos al bueno del padrino aquello de arrobo cagao que a mí no me han dao si cojo al chiquillo le tiro al tejao, pues se presentaron la Concha y su hermana.
 La Feli tan cariñosa como siempre me estampó un par de besos en los carrillos que olían a aguardiente o a vino peleón que tiraba pa atrás pues en la Casa de la Troya esto es en San Valentín numero 4 yo era una personalidad porque mi padre el hombre en aquellos años del hambre nunca volvía a casa del cuartel de vacío.
Venía con él el machaca con un saco chuscos de las sobras de mayorías un fardel de judías o de patatas el rancho mismamente o los desperdicios de las perolas que le regalaban los rancheros y los repartía entre los inquilinos de la corrala.
Todos eran pobres y pertenecían al bando de los perdedores. Sólo había tres familias que habían hecho la guerra con Franco: las dos solteronas del tercero Maruja y Carmen que iban a misa todas las mañanas a la catedral y eran muy amigas del precentor o maestro de capilla don José del Moral una de ellas enfermera de Falange. El cabo de la guardia civil al que llamábamos el señor Juan y del que hablaré después pues al retiro se colocó como portero vigilante en nuestro seminario y allí le veíamos muchas tardes con su gesto adusto entretenido con la lectura del Adelantado de Segovia que se leía hasta los anuncios.  Le interesaban en particular las esquelas.
Era un hombrón. Infundía un poco de respeto cuando le veíamos abandonar el domicilio y estaba de servicio con el tricornio las cartucheras los correajes y el máuser que debía de pesar sus quince kilos. Él se lo echaba al hombro como si nada. A la espalda un zurrón y escarcela impresionante.
Iban de correría y a la puerta de San Valentín le aguardaba el otro número de la pareja un guardia menudito un jijas pequeño renegrido pero con un gran bigote cuyo nombre era Venancio. Se cuadraba ante su superior.
-Sin novedad mi cabo.
 -Pues andando que es gerundio- entonces decía el señor Juan
 Y los dos que parecían la l y la i se perdían calle arriba y desparecían al trasponer la arcada umbría de la puerta del socorro que tenía una repisa con un arcángel flamígero desenvainando la espada y al otro lado un altar con una virgen románica y su galería. Llevábamos una vida militarizada.
 Siempre me impresionó el cabo tan  serio y cara de pocos amigos. Sonaban sus pisadas en la escalera y todo el tillado se resentía. Era un hombrón y mucho más con el chopo a las costillas. No solía dar los buenos días pero una excelente persona y, jubilado, le recuerdo leyendo el Adelantado en su garita de la portería del seminario.
El mal humor y la esquivez de su carácter eran fruto de la enfermedad que tenía. Padecía una próstata muy maligna que le llevó a la tumba. Creo que era un noble hijo del duque de Ahumada. Sirvió a la Benemérita cuarenta años y a la Iglesia los últimos siete de su existencia. Una vida de servicio aunque fuese un civilón a la antigua uno de aquellos mangas verdes que nos hacían poner pies en polvorosa cuando asomaban la gaita y el perfil inconfundible de la pareja avanzaba por los caminos. Guardia civil caminera te llevará codo con codo, Lorca dixit.
 El otro vecino de derechas de aquella corrala era mi padre Silvino que gloria esté. Era  el que traía el rancho del cuartel. Los chuscos les sabían a gloria por ejemplo a la familia de la señora Antonia la catalana viuda de otro fusilado por los franquistas. Vinieron a Segovia  desde Lérida después de un bombardeo con lo puesto y yo prácticamente me crié en aquella casa y crecí escuchando hablar catalán una lengua entrañable para mí pues fueron las palabras primeras que escuché en mi infancia cuando hablaba aquella familia que compartían derecho a cocina con Serafina la hija de la Carnerita casado con el Iglesias del que ya hablé y hermana de Claudio el chato que era el portero de la Gimnástica Segoviana y cuando jugaba en el Peñascal a mí me dejaba pasar de balde a ver el fútbol por ser hijo del sargento Parra.
Claudio cuando estaba en la puerta me colaba y así me colé a ver muchísimos encuentros de tercera división de la Gimnástica de gorra.
Claudio tenía una hermana la Carmen a la que hizo un chico un italiano cuando los balillas de Mussolini estuvieron de asiento en Segovia durante la guerra, -tener un hijo de soltera en aquellos tiempos era una cosa bastante peliaguda por aquello del que dirán y las habladurías- el Antoñito que sería muy amigo mío pues en la infancia no entiende uno de tales prejuicios y los dos salíamos juntos a nidos por Tejadilla.
Me quisieron como a un hijo las de Lérida y yo bajaba a que me diese croquetas la señora Antonia que estaban más ricas  que las de mi madre y a sentarme en la cadira[1] que era más cómoda que las de casa.
Desde entonces siento una veneración y respeto por la lengua de Verdaguer y digo yo que qué tendrá que ver el habla con la política. Los hijos de la señora Antonia se llamaban Ramón el peluquero, Quico que tuvo un garaje de recauchutados en el Camino Nuevo, la Juani que me crió prácticamente y vendía helados mantecados en el Columba por el verano y Agustina a la que llamábamos la Agus que era la que hablaba más en la jerga ilerdense de todo el grupo en un catalán elegante y señorial que a mi me sonaba a uvas y queso y las uvas con queso saben a besos.
En el tercero mirando para las cuevas del Pinarillo vivía la señora Segunda a la que siempre recordaré viejita y encorvada sobre el fregadero lavando cacharros y cerca del puchero de la cocina de carbón. Era tan pequeñita que no alcanzaba la taza del fregadero sino era subiéndose a un tuero. Tenía una cara muy bondadosa, siempre vestía de negro y un lobanillo al lado del labio inferior de la que salían unas cerdas algo así como una barba de tres pelos. O cuatro
 A un hijo se lo fusilaron cuando el Alzamiento. Pertenecía al partido comunista y le dieron mulé en el foso del Alcázar y a otro Gabriel porque era cojo e impedido que sino también le “pasean”.  Nunca se recuperaría de aquel golpe la señá Segunda.
La poliomielitis determinó que aquel hombre tan inteligente estuviera condenado a una silla de ruedas.
 Los del Frente de juventudes le fabricaron por mediación de don Tomás que era el jefe de abastos y que vivía en la casa de la esquina justo al lado de la muralla un coche silla y pedaleando con las manos se desplazaba todas las mañanas a la estación del norte a vender pipas caramelos y cromos.
 La bajada por la escalera del querido Gabriel era tan sonora aunque mucho (plon, plon peldaño va peldaño viene y además el resuello de su penoso respirar) más trabajosa que el del cabo de la Benemérita.
Quico el catalán le agenció unas rodilleras con neumáticos de camión y unas chanclas para las manos y a rastras se deslizaba desde el tercero hasta el cochecito que le aguardaba a pie de calle.
Era todo un experto en el manejo de su vehículo y los amigos le llamaban el rey de la montaña por la celeridad con que subía las cuestas manoteando sobre los pedales y en una ocasión pues era muy decidido se propuso hacer el viaje hasta Madrid pero al llegar al Portachuelo antes de San Rafael pinchó una rueda y tuvo que traerlo a casa la Guardia Civil precisamente el señor Juan que por aquellos días estaba de servicio por aquellos pagos unos dicen que tras la pista de unos quinquis que robaban gallinas por la Losa y otros que a cazar gamusinos.
Fue una noticia muy comentada en la localidad y salió su foto en el Adelantado pues la hazaña del cojo tuvo mucho mérito. A Gabriel se le quería mucho y todos conocían por lo que le había sucedido que Franco no era santo de su devoción. Sin embargo él y mi padre se hicieron muy amigos y a veces discutían –sin reñir- de política.
Cuando nos mudamos de casa a las casitas militares del Puente de Valdevilla mi padre me mandaba bajar a comprar el Adelantado por toda la pista que no sé si el periódico valía un real como los pirulís de la Concha pero a mí – jo papá no tengo ganas- se me hacía muy larga la caminata hasta el quiosco del Tío Braguetita que estaba junto del Regimiento pero yo no hacía gratis el mandado.
 Recababa de mi progenitor una perra chica esto es cinco céntimos. Nuestro periódico era muy conservador y de derechas o más bien de tono objetivo e imparcial por lo que resultaría inconcebible que el señor que lo voceaba en el Portalón cerca de la Casa de los Picos muchas tardes pudiera aportar a los titulares algo de su cosecha como ocurrió en cierta ocasión en León con Genarín- Jesús la que se preparó- y pregonaba el diario Proa de la prensa del Movimiento.
Una tarde en que había pimplado más de la cuenta y no se le acercaban clientes le puso titulares sensacionalistas al rotativo él mismo y se inventó la noticia:
-Proa…Proa… ha salido Proa… últimas noticias. El Papa Su Santidad Pío XII cuelga los hábitos, y se fuga del Vaticano con la Hilda… Proa. Ha salido Proa. La pareja se va Honolulu de viaje de novios.
La gente se arremolinó en torno al pregonero que despachó su mercancía en un suspiro. Se produjo un alboroto, casi una conmoción social ante la indignación de las gentes bienpensantes que no había sabido percibir una broma de borracho y a Genarín se lo llevaron a la trena los guindillas.
Pero eso solo podía pasar en León tierra de cazurros, en Segovia jamás.
Allí éramos un poco más señoritos circunspectos y delicados. Pobre Genarín esa es otra historia. Todo el mundo conoce su triste final. Lo arroyó un camión de la basura mientras exoneraba el vientre y la vejiga cerca de la muralla romana una noche de viernes santo.
En Segovia había otros singulares personajes como Mariano Conejo el hospiciano que tenía una voz poderosa e iba por las casas a pedir con su traje marrón de los presos y espiaba a las mujeres mientras fregaban la escalera. O Fernandito que una vez se disfrazó de fantasma en la Alameda e iba asustando con una sabana a las parejas. Uh…uh...uh. El Fernandito era un aprendiz de lo que ahora se llama violencia sexual, un violador en potencia, vamos, pero la gente se lo tomaba a chacoteo.
El mismo Tío Braguetita era otra personalidad local. Había estado en Rusia con la División Azul. Regresó del frente del Este con un pie congelado. Le dieron un quiosco pero se emborrachaba con frecuencia y cuando estaba beodo iban los chicos a cantarle:
        -Tío Braguetita… tío Braguetita.
        -Si voy ahí chiquitos os meto un brazo por una manga.
Hacía un amago de salir de su tendejón y los malvados chavales  que le arredraban emprendían una carrera sin parar hasta los jardincillos de Santa Eulalia donde crecía y crece un centenario y señorial almez todo un orgullo de la botánica segoviana. Vuelta y otra vez:
        -Tío Braguetita…. Tio Braguetita.
Pero aquel veterano de una de las guerras más cruentas que ha tenido la humanidad era inofensivo incapaz de matar una mosca. Hay que decir que no cumplió la promesa de maternos un brazo por una manga.
Algunos de sus camaradas ex combatientes se acercaban a visitarle entre ellos el teniente Ricardo que era nuestro vecino un artillero alto y cenceño que debajo de la guerrera siempre llevaba camisa azul y bajaba a comprarle el Arriba y hablaban de los viejos tiempos y de las fatigas del frente de Novgorod y de Leningrado.
El quiosquero que se llamaban Crescencio departía en largas parrafadas con el teniente Ricardo y con el brigada De la Paz también divisionario, aunque todos le conocieran por el apodo de la dichosa bragueta y eso porque la gente que se fija en todo observó  un día que tenía que orinar con frecuencia y tenía un perico dentro de su garita para hacer pis que debía de padecer poliuria o incontinencia de orina y olía por allí a meaos que tú no veas y por el verano todas las moscas del barrio venían a posarse en su bragueta con ronchones sospechosos lo que era recelo de diabetes pero el tío Braguetita no murió del azúcar ni del tenesmo.
Se le cantó el gorigori por otras causas. Una borrachera de anís. La cogió temblona y se lo llevó por delante.
 Sereno era una delicia de paisano. Nos decía algunas palabras en ruso y a mí me enseñó el paternóster en ese idioma…. Otse nash
 La estepa había cambiado su percepción del mundo y decía que el pueblo ruso aunque se les motejara de comunistas y de rojos perdidos eran buena gente. Él mismo ostentaba un icono de la virgen María que le regaló una baba (vieja) o una panienka (moza en polaco) cuando pasó por Grodno que en este momento no me acuerdo a punto fijo.
 De lo que sí me acuerdo es de la bondad de aquel rostro cansado y vencido por los sinsabores de la vida pero que no perdía jamás la paciencia y la serenidad. Nunca nos dijo chico si voy ahí os capo que eso si que hubiera sido más morrocotudo y es con lo que nos amenazaba, por ejemplo, el tío Juvenal el tendero de Castrobocos que tenía peores pulgas.
Don Crescencio sólo se atrevía a sentarnos las costuras de manera más leve: meterle a uno un brazo por una manga no debía de ser gran cosa.
Su entierro se recodará en los anales de la ciudad como uno de los más multitudinarios. Vinieron coroneles y generales entre ellos Muñoz Grande y el general Infantes mandó un telegrama de pésame.
En el Arriba el periódico que llevaba siempre el teniente Ricardo bajo el brazo y era uno de los mejores periódicos que se publicaban en España por las firmas que en él aparecían desde Eugenio D´Ors hasta don Pío Baroja y el mismo Ortega- estamos hablando de una España no de revancha sino de reconciliación- yo me hinché a escribir crónicas desde Londres desde Nueva York así como en  los otros cuarenta y tantos restantes de la querida prensa del Movimiento.
 En el Adelantado hice mis primeros pinitos literarios y di a la estampa mis primeros versos como un romance al Eresma glosando a Gerardo Diego.” Río Eresma río Eresma que vas camino del Duero para estar contigo a solas esta tarde he bajado solo y triste. He bajado con el viento... etc”. Muy malos versos y casi una copia del romancero pero todavía traen un perfume de aquel ayer- años 62 al 64- y algunos números de entonces aun los conservo.
 Recuerdo la bondad con que el director Cano de Rueda aceptaba mis ripios. Pero eso de ver mi firma estampada en la página literaria de los jueves me hacía sentirme un tío importante, casi un Tolstoi. En este rotativo tabloide que tenía forma de sábana y muy pocas hojas probé yo ese veneno, esa comezón que deja en el alma el duende de las imprentas.
. Río Eresma, Río Eresma que vas camino del Duero… Adelantado de Segovia uno de los diarios más antiguos que se publican en España humilde y entrañable y sin demasiadas paginas. La voz de aquel señor con voz ronca que pregonaba el vespertino en el portalón atiza en mí recuerdos de la niñez

sábado, 27 de julio de 2019


[1] silla