miércoles, 8 de enero de 2025
MADRID PLAZA FUERTE CONTRA LA BESTIA
martes, 7 de enero de 2025
LEGA ENERO QUE ABRE TODAS LAS PUERTAS Y TODOS EN LA COCINA, QUIETOS
Me veo de niño al calor de la lumbre de aquella cocina de carbón (la llamaban la económica) y ya soy un viejo.
─Cerrad la puerta que se escapa el gato.
─Uy que frío, chiquitos. Está nevando por los puertos.
─Pues a arroparse y en casa, quietos
Mi padre venía del cuartel el capote blanco. Copos de nieve se le posaron en el chápiro y hasta en el barbiquejo
Para los gélidos inviernos de Segovia no había nada como aquellas cocinas de hierro. No había calefacción central. El marranillo gruñía en la cohorte, las gallinas, aseladas en los palos del gallinero, ni se movían a causa del frío extremo. Lo malo era la hora de acostar.
Un ladrillo de las obras de las casas militares o una caneca de agua caliente hacían el avío contra las tiritonas. Mi hermano y yo dábamos diente con diente.
Habían pasado las navidades, se terminó el turrón, se acabaron los canticos ancestrales, los villancicos, recogíamos el belén y mamá cocinaba soplillos que estaban buenos con leche. Venían los vecinos el sr. Jacinto, el teniente Ricardo y el sr Conrado maestro ajustador y hacíamos filandón.
Nuestros padres hablaban de la guerra y los chicos nos calentábamos las orejas con el juego del zorro pico zaino que consistía en darse trompazos. Cocábamos a los borrachos al salir de la escuela pues en Segovia no faltaban tabernas para calentar el vientre con aguardiente y cantábamos aquella canción de corro que aprendimos en las poesías de Góngora:
Almuerzo como un tudesco
Echo siestas como un obispo
Al salir de misa
Si es verano en el jardín
Si es invierno
En la cocina
La cocina era nuestro nido en las tardes de febrero. No se recaban algunos de llamarnos cocinillas y las viejas murmuraban: si vas de romería, golfo y si te quedas en la cocina maricón
─¿Marica yo? Amos anda. Soy frugífero. Los tengo bien puestos
domingo, 29 de diciembre de 2024
CATOLICISMO CRUEL
Me fui a Cobeña aldea próxima a Alcalá a ver bañarse a las ninfas del Henares. Vísperas de san Silvestre y ninguna vio pero allí estaban dos catedráticos discutiendo sobre el sexo de los ángeles. Uno decía Dios es amor y el otro respondía yo no lo veo por ninguna parte. A buen surco fuiste a dejar la simiente del mal. En Cobeña hay tarascas y gnomos. A Venus la sacan en procesión por san Juan enristran ellos sus tentemozos y ellas se abren de piernas. Ese es el único amor que conozco decía Rampín un clérigo que en Roma arrimaba las putas a los cardenales. Entonces no había internet pero se jodía bastante y las almas caían en el infierno, una lluvia de almas, según la visión de Teresa. Quevedo y Gongora asistían a la discusión pues fue Quevedo aquel vate insuperable el que puso un soneto en la servilleta del rey. Católica y cruel majestad etc. Y dijo bien. El catolicismo puede llegar a convertirse en una religión cruel a fuer de hablar tanto del amor que yo no veo por ninguna parte. Aquellos domines de mi infancia y adolescencia me martirizaron de palabra y obra, me pusieron el capelo y cuando fui a confesar el padre Muñana un jesuita un poco maricón de penitencia me impuso portar cilicio durante una semana sobre mis partes blandas. Luego de aterrorizarme con las penas del infierno pues yo no quería ser una de aquellas almas que caen de cabeza sobre las calderas de Pedro el Botero. Cristo era otra cosa. Luego descubrí que Él me amaba en mis improcedencias, en mis pecados, en mis carencias. El Señor siempre está ahí por encima de la clerigalla vaticana y los espiches solidarios de la Cope y los sermones de las conferencias episcopales. En. verdad se ha colado en la Iglesia el humo de Satanás. Dios guarde a las clarisas de Belorado y confunda a ese hereje tronitonante argentino que reclina sus magnas posaderas sobre la catedra de san Pedro
domingo, 29 de diciembre de 2024
jueves, 19 de diciembre de 2024
ARVAS DEL PÙERTO Y BUSDONGO EL PUEBLO DE ORIGEN DEL GRAN FILOLOGO
MENENDEZ PIDAL
Mi vocación primordial era la de medievalista pero los hados me llevaron por otros caminos hasta derivar en periodista. Fui novelista serendo de vocación tardía y pegado a la pared de mi escritorio tengo un retrato de don Ramón Menéndez Pidal sentado en lo alto de una roca de las montañas asturianas, creo que era Arvás de donde radicó su familia aunque él nació en Coruña. Cuando camino del puerto Pajares me detengo al pasar, canto una salve en la colegiata de Arvás reconstruida por su hermano menor. Era un monasterio cisterciense. Arva plural de arvum o Arvás designaban los romanos a lugares de pación entre montañas. En la foto don Ramón mira pensativo hacia los valles y quizá esté pensando en que aquí sonó la primera gaita del romancero, la literatura coral, de los juglares que promulgaban las gestas de los caballeros, toda esa épica en que se fraguó nuestra nación en cuaderna vía los versos asonantes. Verdaderas obras de arte compuestas por poetas que no firmaron con su nombre pues eran cantares del pueblo. Esta anonimia, el realismo feroz, la sobriedad, el espíritu moralizante del Cantar del Mío Cid creo que forman parte del espíritu nacional. O mejor dicho formaban puesto que la España del Conde Olinos o de Altamara que canta Joaquín Díaz inspirándose en la obra de Menendez Pidal nada tiene que ver con esta España ramplona. Se ha instalado la cleptocracia. Esto es un sinvivir de políticos que roban, reyes putañeros, periodistas mendaces, y literatos que no valen un real. Los Koldo, los Avalos, los Sánchez, los Feijoo, Abascal y demás cuadrilla. Es una España que se encuentra a años luz tal vez desintegrándose de aquella que estudió profusamente el gran erudito a quien yo oí hablar poco antes de morir, ya centenario
domingo, 15 de diciembre de 2024
LA ESCRITURA ES UNA MASTURBACIÓN MENTAL EYACULAS RECUERDOS
ABUELO BENJAMÍN
El abuelo Benjamín era otra cosa. Casi fue el que me crió en la aldea de Fuentesoto pueblo también románico con una vega triunfal camino de los monasterios de Cardava a la cual se asomaban los somos, cañadas y eriazos. Por lo menos no me tiraba piedras cuando pisaba sus viñas que el otro estuvo a punto de deslomarme de un cantazo. Aquellas vivencias hicieron de mí un escritor, acaso un escritor iconoclasta y a redropelo del sentir general. Mala cosa llevar la contraria pero yo siempre me mantuve en mis trece seminarista fracasado pasado por el filtro de la literatura pero mi alma se moldeó en aquel seminario cuyas vivencias rememoro cuando estoy aquí postrado en la cama del hospital recién operado de la próstata. Las ideas se agolpan, quieren salir a toda prisa, pues siempre pensé y escribí a gran velocidad y me aturullo me atasco y pierdo el anhélito, vuelve el ritmo pero mi vida es un eterno combate con las ideas y los formularios volcados en palabras, angustia vital, desazón, vértigos, el vértigo del escritor que sólo se cura pufando pipadas de humo o camino de la despensa, somos propensos a criar carnes, la furia del español sentado en su sillón que se desgañita contra la injusticia contra esto y lo otro. Extraño mi cachimba que ha sido compañera de mis largas vigilias, mi ametralladora, mi “novia” y mi tormento, que a veces no me deja ni respirar. Saltan las imágenes de un lado a otro, se enredan las palabras. Viene Maite la dulce enfermera. ¿Cómo estás, cariño? Quisiera fumarme una pipa, no se puede, corazón. Dentro de un rato vendremos a hacerte una extracción, más tarde la compañera te tomará la tensión. La urraca del patio central faltaba poco para acabar de construir su nido. Las noches se hacían largas e insomnes. A la madrugada el diligente córvido seguía su labor. Pronto te darán de alta. Esto no ha sido nada. ¿Nada? Un cáncer, hoy el cáncer si se coge a tiempo es curable. Más duro lo tenías si fuese de pulmón. Era lo que temía yo, pero el tak que me hicieron revelaron que estaban limpios. Soy un fumador empedernido. El vicio lo cogí a los catorce años con un mataquintos que sabía horrible. Me vio mi padre que venía del cuartel y apagó la targanina de un sopapo. Zas.
Ando en desacuerdo con Andrés Laguna autor desconocido y al que yo he descubierto como autor críptico del “Lazarillo de Tormes” gloria inmortal de la novela picaresca y que he sacado de pila librándole del anonimato de siglos, que dijo:
─Se escribe por la honra pues la fama es la orla de la artes.
No, señor, hoy se escribe para echar los demonios fuera, lanzar pestes contra los nazis y los judíos que pueden ser consistentes en el mismo perjuicio los extremos se tocan la serpiente cambia de piel. Eso de ser escritor famoso debió de ser antaño, hogaño el vulgo vierte suspicacias sobre nosotros. Nos mira mal. Somos delincuentes y nos desprecia o nos compadece como enfermos bipolares, o adictos a un vicio tan inconfesable como el onanismo. Escribir consiste en masturbarse con palabras y eyacular proposiciones y asuntos que no son de recibo. La gente lo que quiere es que la dejen en paz, que no la vengan con historias. Tú no te pases, mira lo que te digo. El escaparatista de Arévalo un martes de mercado me largó está pregunta a bocajarro:
─¿Sigues escribiendo?
─Sí
─¿Y te la meneas?
─¿Por qué no?, de vez en cuando
El librero Gomis un tipo un malauva el cual me ha maltratado, timado y puesto en berlina todo lo que ha querido me recibió con una frase que es todo un dardo al bandullo de un poeta.
-Tus libros no se venden, deben de ser muy malos.
-Si no los pones en el escaparate y los tienes ocultos en la sacristía ¿cómo se van a vender, cacho cabrón?
Le hubiera dado al librero de lance un garrotazo en los hocicos pero no estaba de nones sino de pares. Por lo demás buenas tragaderas he. En una bella mañana de octubre no merecía la pena meterse en reyertas con un hijoputa. Escribir es llorar larra dixit hay que estar dispuesto a ser crucificado y coronado de espina cuando no de gargajos como le ocurrió a Lázaro de Tormes en la novatada de Alcalá. La desconsideración la mala educación y el morbo visigótico o envidia es ek estigma de esta nación. Tengo que confesar a mis detractores para que se calmen y no se pongan nerviosos que yo solo emborrono papel para dejar de fumar o el que se divierte con papiroplaxias, o pintando monigotes. Así nos las van a dar todas en un carrillo.
El abuelo benjamín era otra cosa. Sólo me pegó una vez con el cinto. Habíamos ido a melones y nos pilló el guarda Melares, quien a la noche se presentó en casa y dijo tu chico fue cogido in fraganti haciendo destrozos en la finca de la tía Piquilaya. Son cinco pesetas de multa. Ah si, bajate los pantalones, chiquito. Diez vergajos con la correa ni uno más ni uno menos. Desde entonces no se me ocurrió ir a melones, ni a peras, ni a sandías. Fueron los chicos del pueblo que me malmetieron y yo inocente de mí caí en la lazada.
Era tan inocente que me creía todas sus infamias. El Pedrete el del tio herrero, el Elpidio, el Agustín mi primo hijo del sacristán y su hermano el Maudillo, el Micha hijo del sastre que era tan pequeño que no podía con las albarquillas, el Julián el de la tía Pilar y el tío Pedro Sancha pero el más cruel de todos era Pedrete. Fue el que me encomendó la tarea de asaltar el melonar de Piquilaya.
─Entra ahí en eso, segoviano, y arramplas con un par de melones.
─Tengo miedo, mi abuelo me dice que hay que respetar lo ajeno.
─Tú ¿miedo? Eres hijo del sargento Parra.
─Yo no tengo miedo a nada
Y salté la cerca. Fue entonces cuando vi venir al Melares pegando voces y juramentos apuntándome con su tercerola. Del canguis que me entró se me cayeron los melones del regazo que no estaban maduros, eran badeas. Los otros habían puesto pies en polvorosa, me dejaron solo como siempre. Por las orejas y yo llorando como una magdalena aquel esbirro me condujo al cuartelillo, vino el juez de paz el tío Bernardo. ¿Qué ha hecho el chico? Robar melones. Vaya una educación. Que se avise al tio Benjamín Galindo. Mi abuelo el pobre estaba avergonzado y corrido de mi “hazaña”. El juez de paz era su amigo. Eran quintos, él, el tio Dominguín y mi abuelo. Nacieron en 1885. Se ufanaban de ser quintos del rey Alfonso XIII. sentabanse en un banco de honor en el presbiterio durante las ceremonias religiosas. La noche que recibí la somanta de palos con la correa del abuelo era una noche de luna lo recuerdo bien. Al otro día tomamos el coche de línea y para Segovia.
─No podemos contigo. Así que te mando a tu padre a que te dome.
Cuando regresamos a Valdevilla la colonia militar donde vivimos mi madre me recibió con la zapatilla. Asi te comportas, dijo y me puso el culo como un tomate. Yo no tuve la culpa fueron el Pedrete y el Agustín los que me mandaron asaltar la cerca de la tía Caya. ¿Robar? Vaya un hijo. Traté de escapar y anduve perdido por los peñascales de Valdevilla recorriendo los andurriales del río Clamores llorando mis desdichas, esta vez temiendo la correa de papá. Venida la noche, llamé a la puerta de la casa que era verde y de madera de pino con mucho tiento y sigilo. Me estaban buscando. Mandó mi padre al machacante por ver si me encontraba. Pero en vez de la correa fui recibido con besos y abrazos. El sargento Parra saltaba de alegría. Hijo, hijo.
¿Por donde te has metido, donde anduviste? Tu madre y yo creíamos que te había ocurrido algo. Me senté a la mesa. Huevos con patatas fritas. El abuelo había traído un clarete que pasaba bien al cabo de tantos sinsabores por culpa mía.
─Bebe, Silvino.
─Gracias, señor suegro, de hoy en un año.
Y tentó la bota embelesado con un largo trago. Por la provincia de Segovia los casados llaman al padre de su mujer “mi señor”. El chico es un poco mostagán pero hay que meterlo en vereda. Hay que llevarle al seminario. El dictamen del abuelo se cumplió al cumplir yo once años. Había habido muchos curas en la familia. Estaba don Linos pariente suyo que ejercía el arciprestazgo de Calabazas, el P. Galo que se fue de misionero al África y nunca se volvió a saber más de él o don Priscilo cuñado suyo nombrado por oposición canónigo magistral de la catedral de Burgo de Osma. Tanto los Parra como los Galindo tenían fama de beatos y no existen dudas de que esta veta tan clerical y bíblica les venía de su ascendencia.
Aquel rincón extremo de la provincia segoviana había sido repoblada por moros y judíos y se produjo el milagro de que Alá, Moisés conviviesen en plena armonía practicando usos y costumbres ancestrales, ritos, intercambiables, diciendo ojalá cuando les acuciaba un deseo de que algo ocurriese, o pronunciando el nombre de Jesús al estornudar al besar el pan cuando la hogaza se caía de la mesa
domingo, 8 de diciembre de 2024
CIGUA