https://youtu.be/tB792T9HJDo?list=RDtB792T9HJDo
domingo, 1 de noviembre de 2026
VOLADURA DEL MONUMENTO A ONESIMO REDONDO EN LABAJOS
El Partido Popular dio aquiescencia a la propuesta gubernamental de Memoria Histórica de destruir todo lo que tenga que ver con el régimen anterior. Mataron a un hombre, destruyeron un paisaje, pero las amapolas rojas siguen brotando en los campos castellanos. Siempre que paso por Labajos ante la cruz alzada y el monumento pétreo y rectilíneo me santiguo. Lo quieren volar. Onésimo no era un fascista. Era un jonsista que postulaba una política al servicio del Estado y no el gobierno de turno que se mueve por intereses particulares caciquiles. Un profeta que a lo largo de sus discursos y sus artículos periodísticos fue un clarividente nos anuncia lo que está ocurriendo en la España de hoy: muertos en los choques de trenes, violencia en las calles, retorna la chusma, odio y acción directa, una prensa servil amordazada. Me cabe el honor de haber pasado muchas de mis crónicas desde NY y Londres en el periódico “Libertad” de Valladolid, por él fundado. Un periodista no tiene que pertenecer a un partido político, pero a mí me gusta el jonsismo que en pequeños matices es diferente al falangismo. Gracias a él se unieron las derechas y señaló con puntero de fuego cuáles fueran las armas de los enemigos de España: el control de la prensa, la radio, el dinero, la magistratura, el ejército, la escuela y posteriormente la iglesia. Fue fusilado en un control de carreteras por la Guardia Civil, cuando regresaba a su pueblo, después de salir de la cárcel de Ávila amnistiado. El gobierno de Azaña quería su cabeza. Ideológicamente, estaba más cerca de los católicos de Herrera Oria y el “Debate” que de los postulados cercanos al nazismo de Ramiro Ledesma Ramos y de José Antonio Primo de Rivera. Onésimo era un hombre llano, más del pueblo. Ni aristócrata, ni señorito. Su viuda fue la fundadora de Auxilio Social que dio de comer a tanta gente después de la guerra y de los economatos para beneficiar a las familias desfavorecidas. Yo guardo su memoria y releo sus obras con cierta tristeza en esta España empapada de mentiras revanchistas y de un odio africano. El líder jonsista que mueve la cuna, la cara oculta, se encuentra en el extranjero. Es la bestia sin rostro. Luchó por sus ideas y fue asesinado. Un crimen de Estado. ¡Caídos por Dios y por España, Presentes!
DIES IRAE. EL DIA DE LAS LÁGRIMAS
Es el título de una
novela del ruso Andreiev que hago mía como portal de este artículo.
aflige la melancolía y
las estrofas de esta secuencia litúrgica resuenan en mi memoria.
Muchas veces salió de
mis labios cuando ayudaba en los entierros y portaba la cruz y los ciriales
delante del cura chiquito (parva humanidad), aquel capellán coadjutor de la
parroquia de Sta. Eulalia Segovia que hacía solitarios en la sacristía y fumaba
unos cigarros que eran más grandes que él.
Había que revestirlo
de los ornamentos más pequeños. La capa pluvial la arrastraba hasta los pies
como un peplo o la capa magna del señor obispo.
Se sabía muchos refranes,
experto en chistes y nos contaba cosas de la guerra porque había sido capellán
de un regimiento de Artillería y en el Ebro y en Brunete vio morir a muchos
soldaditos por Dios y por España después de administrarles los sacramentos.
Libera
me Domine de norte aeterna cantaba el cura chiquito con su
hermosa voz de barítono dirigiendo el cortejo de jun sepelio detrás la carroza fúnebre
de caballos negros. Los entierros en aquel entonces eran multitudinarios.
La ciudad paraba sus
pulsos para ver pasar el entierro.
Las campanas de las
parroquias dando el clamor y las múltiples torres de Segovia parecían de luto.
Lloraban por sus arcos
milenarios los ojos del acueducto. Y siempre la gran pregunta de la muerte
consuetudinaria. ¿Qué hay después? La respuesta la daba el prefacio de difuntos
cantado en clave de sol poel preste:
─Vita mutatur non
tollitur. La vida no se arrebata, cambia en la espera de la resurrección.
Lo que quiere decir
que coloca al hombre en otra dimensión.
Sin embargo, nadie
vino a decírnoslo. Es un secreto de nuestra fe católica. Deudos y familiares se
arremolinan cerca del féretro junto a la sepultura abierta para dar a la tierra
lo que era suyo.
─Que en el cielo lo
veamos─ murmuraba en voz baja alguna
vieja.
Seguían quebrando el
silencio del camposanto las estrofas de aquel poeta medieval que escribe su
composición en medio de los rigores de la Peste Negra.
─Lacrimosa dies irae. Qué diré al justo juez quién
será mi valedor en el Día de las Lágrimas.
Sin embargo esta tétrica
composición se cierra con un rayo de esperanza:
─Oh piadoso y dulce
Señor Jesús dales descanso eterno
domingo, 1 de
noviembre de 2026